
Una vida se va construyendo de continuos presentes, formándose de instantes.
En sentido estricto y sufí: "La vida es el instante".
Es en el presente donde tenemos la posibilidad de cambiar nuestra existencia futura y nuestro carácter, también nuestros hábitos, pero sin dejar de disfrutar de lo que el presente nos brinda.
¿Qué relación tengo con el desempleo? ¿Me alío con él?
¿Me impide saborear los sucesivos instantes de mi vida?
¿Tengo miedo al desempleo y a lo que pueda venir después del desempleo?
¿Asumo la realidad y me adapto, o me resisto y me resiento?
Estas reflexiones son las que nos manda un lector del blog, Auguste Maquet (pseudónimo), y nos las acompaña de esta carta, que compartimos con todos vosotros:
" Querido Dioni:
En sentido estricto y sufí: "La vida es el instante".
Es en el presente donde tenemos la posibilidad de cambiar nuestra existencia futura y nuestro carácter, también nuestros hábitos, pero sin dejar de disfrutar de lo que el presente nos brinda.
¿Qué relación tengo con el desempleo? ¿Me alío con él?
¿Me impide saborear los sucesivos instantes de mi vida?
¿Tengo miedo al desempleo y a lo que pueda venir después del desempleo?
¿Asumo la realidad y me adapto, o me resisto y me resiento?
Estas reflexiones son las que nos manda un lector del blog, Auguste Maquet (pseudónimo), y nos las acompaña de esta carta, que compartimos con todos vosotros:
" Querido Dioni:
En estas últimas semanas se está dando la coincidencia, en varios medios, de analizar la parrilla televisiva tras el asentamiento de la TDT y los canales que cubren las frecuencias.
Uno de los detonantes ha sido el cambio de programación del malogrado canal informativo CNN+, que ha pasado de ser una vía de información 24 horas a un TV-show con la misma duración. Casi todos esos análisis parten de la siguiente base: La tele, ¿es la que tenemos, o la que queremos?
Personalmente no me incluyo en esas medias de las estadísticas que dicen que vemos la tele un porrón de horas al día. Mi experiencia catódica se reduce a una media de entre hora y dos horas diarias y, la verdad, aunque cuesta, uno siempre acaba encontrando algo de lo que sacar algún, aunque leve, provecho. (Y eso que, como muchos, todavía no termino de ver todo el paquetón de canales que dicen que se pueden ver).
Mi experiencia laboral ha sido bastante parecida a la de la búsqueda de una programación determinada, a una hora determinada, en un canal determinado.
Personalmente no me incluyo en esas medias de las estadísticas que dicen que vemos la tele un porrón de horas al día. Mi experiencia catódica se reduce a una media de entre hora y dos horas diarias y, la verdad, aunque cuesta, uno siempre acaba encontrando algo de lo que sacar algún, aunque leve, provecho. (Y eso que, como muchos, todavía no termino de ver todo el paquetón de canales que dicen que se pueden ver).
Mi experiencia laboral ha sido bastante parecida a la de la búsqueda de una programación determinada, a una hora determinada, en un canal determinado.
Tras varios meses desempleado (en paro, demandando empleo, buscando activamente… llámenlo como quieran), he aprovechado, primero, para reciclarme profesionalmente (otro día hablaremos de la búsqueda en la basura de la formación) y segundo, he comenzado a buscar empleo.
Particularmente me ha ocurrido algo muy parecido a la búsqueda de un programa de televisión. Comencé dándome de alta en portales de empleo (sólo en dos) y pude comprobar, a primera vista, la maravilla que es, en un ‘clic’, tener acceso a miles de ofertas de trabajo que además se adaptaban, más o menos, a mi historia laboral y de formación.
Inmediatamente después de iniciarme en la búsqueda de trabajo 2.0 puse en marcha la segunda línea de actuación dentro de mi plan: tirar de contactos. Los resultados fueron todo lo contrario a los encontrados en la oferta virtual: empresas o bien arrasadas, o bien con el salvavidas puesto desde hace ya varios meses, con unas ganas enormes de salir adelante, de ofrecer más y mejores servicios, pero con la imposibilidad económica y mercantil de ofrecer algún puesto de trabajo.
Resultado: tras cinco meses de desempleo y reciclaje he recibido una oferta de trabajo. La remuneración es la correcta y la duración es de dos meses (después ya se verá). Algo así ocurre cuando uno se dispone a ver televisión, que tras una búsqueda entre la basura siempre se encuentra algo, aunque efímero, de relativa calidad. Al menos para seguir tirando.
Ahora sólo queda disfrutar del programa que tengo delante, del presente, y programar la siguiente búsqueda, aceptando el presente. Sin resignación... pero siendo muy consciente de lo que echan por la tele.
Nos toca vivir unos tiempos cambiantes, en los que se nos exige tener siempre preparada la maleta para adaptarnos a una realidad siempre mutante... como cuando apretas el botón del mando de la tele: otro nuevo programa..., y otro, y otro, y otro. Y de vez en cuando -sólo de vez en cuando- algo que merece la pena.
Siempre con la maleta en el cerebro.
Un saludo"
Ay, por suerte y por desgracia hay que ser a la vez duro como una roca y flexible como el bambú para poderse acoplar a esta endiblada vida.
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